Poca pesca, muchas emociones

Si me tuviera que quedar con la mejor fotografía del sábado me quedaría con la siguiente. avistamientoNo es por que sea la mejor imagen que yo pueda tomar, ni que una cámara pueda fotografiar. De hecho, es una foto muy común. Pero si la he elegido y colocado como primera, es porque creo que resume a la perfección la jornada del sábado. Salimos temprano y lo que al principio iba a ser una salida por Barcelona se convirtió en un pequeño encuentro de kayaks. Al final éramos siete los que nos encontrábamos montándo todo para salir a probar suerte por delante del Fòrum.

Preparando los kayaksLo primero que hicimos, ya que vimos que el mar estaba perfecto para adentrarse en él, fue buscar metros. Mientras lo hacíamos, sólo dos escasas picadas (a todo el grupo). Eran un jurel y una caballa “despistados”. Llegamos hasta una boya que se encuentra bastante metida en el mar, con un fondo que rondaba los 50-55 metros de profundidad.

Sabiendo de la buena zona de pesca, y al ver otros barcos practicándola, decidimos hacer un poco de jigging para probar suerte. Pero no había ni rastro de bancos de peces: ni de caballas, ni de jureles, ni siquiera picaban las arañas que tantas veces se enganchan más al norte. Sólo había mucha agua bajo nosotros, y nada de movimiento.

3kayaks

Estuvimos así hasta que empezamos a ver cómo se formaba una pajarera a unos 500 metros de nosotros. La actividad había empezado, hasta que nos dimos cuenta por qué no veiamos al pescado por ninguna parte… ATUNES. Sí sí, ATUNES. Ya nos habíamos topado con ellos un día de mala mar en la costa brava, y verlos cazar es impresionante. Las pajareras aparecían y desaparecían seguidas de las gaviotas que nos marcaban su posición. Los atunes provocaban grandes olas al saltar. Atunes, que, por lo lejanos que se encontraban y por el tamaño que tenían, calculamos que tendrían unos 20 – 25 quilos de peso.

Yo-zuri, velero, kayak

Ya alguno de los kayaks se había dirigido detrás de los atunes, en una persecución, que según cómo se mirara no se sabía hasta qué punto quién era el perseguidor y quien el perseguido. Nosotros, conscientes y honestos al saber que no estabamos preparados para tales capturas, decidimos volver hacia profundidades menores. A ver si así nos encontrábamos con sus primos menores, los bonitos. Pero no fue así. En los trenta metros nos encontramos lo mismo: más ATUNES, un poco más pequeños que los que llevábamos viendo toda la mañana, pero atunes al fin y al cabo.

Así que, visto lo visto, decidimos almorzar y aprovechar el rato para compartir las vistas. El mar se calmaba al igual que el ruido de nuestras barrigas, que después de toda la mañana paleando, ya tenían ganas de digerir algo. Entonces éramos cuatro kayaks unidos en bloque a modo de balsa para no dispersarse demasiado y poder compartir unas buenas palabras.

2kayaks

Fue entonces cuando hice esa foto. Una foto que refleja claramente cómo nuestro compañero Joan señalaba unas aletas que rompían la superficie del agua en la distancia. Sí amigos, eran DELFINES. Y de repente otra, y otra más atrás. Y así, una tras otras, veíamos las aletas de los deflines apareciendo. Alguno más juguetón dejaba ver su cuerpo al saltar en uno de sus juegos de desplazamiento. Era increible la cantidad que había, y no paraban de aparecer más y más por detrás. Todos en fila, rumbo sur, nadando tranquilamente.

Los barcos empezaron a apelotonarse alrededor de ellos, intentando no hacer ruido, pero sin poder evitar alejarlos más aún de lo lejos que se encontraban de nosotros. Pero cuando ya pensábamos que habían desaparecido, dos  curiosos delfines se acercaron hasta unos pocos metros de nosotros. Nos rodearon, lentamente, observándonos, contemplándonos como si no tuvieran miedo de nuestra presencia, como si no existieramos. Sabían, sin duda, que éramos los extraños, pero no les importaba. Nos obviaron, nos dejaron contemplarlos como si quisieran que lo hicieramos. Como si quisieran regalarnos su presencia, al fin y al cabo. Como diciendo: seguimos vivos, seguimos estando aquí a pesar de todo.

Y a pesar de no tener, ni mucho menos, calidad, conseguí grabar un vídeo del avistamiento. Espero que lo disfrutéis y que, lo que “no se ve”, sirva para que uséis vuestra imaginación para completar las imágenes. Pensad que estáis allí donde nosotros nos encontrábamos, en medio del mar, rodeados de delfines. Imaginad, porque al fin y al cabo es lo único que siempre hemos tenido como especie, y una de las pocas cosas buenas que nos quedan. Porque, al fin y al cabo, la imaginación es la que nos ha llevado a navegar los mares, a disfrutar del kayak.

Un saludo a todos los compañeros (de izquierda a derecha en la foto): Mojito, Joan, Josem Samurai, Ricard Acuario, Amonra, Zodiaco. Espero que pronto podamos compartir más jornadas que, aunque sean de no pesca, no son de menos disfrute, sino todo lo contrario.

mojito,joan,josemsamurai,acuario,amonra,zodiaco

Espero que os sintáis tan contentos y felices por poder disfrutar, a tan sólo dos o tres quilómetros de una urbe como es Barcelona, de algo tan espléndido.

Un saludo a todos, y buena pesca.

Carlos ‘samurai’

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~ por Carlos 'Samurai' en noviembre 17, 2011.

10 comentarios to “Poca pesca, muchas emociones”

  1. Hola familia,

    En el kayak todo cuenta, pes no todo es pescar, gracias a Dios. Lo bonito del kayak es el contacto directo con la naturaleza, que en una posición más elevada cómo en una embarcación es imposible disfrutar.
    Ésta embarcación aparentemente frágil, te da muchas sensaciones que no puedo explicar, pues lo mejor es experimentarlas uno mismo.

    Me ha encantado el artículo. ¡Que pena lo de las fotos, de los delfines!, son para mi unos de los animales más fascinantes.

    Un abrazo a los dos Samrais (del kayak).

    • Sin duda que sí Angel.

      Los delfines me apasionan, y hay como un antes y un después al verlos nadar en el mar. Es como algo reconfortante para el ser humano. Esperemos que con el tiempo las fotos sean cada vez mejores, pero para ser un día nublado y en las condiciones con las que hice el vídeo y las fotos, no me puedo quejar demasiado.

      Un abrazo para uno de los más grandes kayakistas de nuestro país (con doble e incluso triple sentido).

  2. Hola Familia!!

    Yo también he compartido una experiencia parecida en unas de mis primeras salidas, pero fue a escasos 300m de la orilla, una pasada. Cuando se lo dije a mi madre casi me pega y todo porque le encantan.

    Ahora que están a la vuelta de la esquina, pedid a los Reyes una cámara wena para que estos momentos los inmortalicéis bien.

    Os esperamos por el Sur.

    Un abrazo.

  3. Qué buenos momentos de emoción pasasteis. No todo siempre es pescar, también se disfruta mucho del mar y todo lo que contiene… y podemos contemplar. Saludos y a seguir pasándolo así de bien.

  4. Magnífica jornada la que nos relatáis. Como dice Ángel, no todo es pescar, hay que sacar provecho a todo lo que podemos llegar a vivir en el kayak que después de todo además todos los sentimientos se acrecentan más si caben gracias al contacto directo con la naturaleza.

    El sólo hecho de saber que tenéis a tiro atunes, y el disfrutar de una gran manada de delfines, es un remate perfecto. Ver delfines es algo que embruja, increíble, sorprendente, un animal digno de admirar y que reporta una tranquilidad y un goce tremendo cuando lo vemos en el agua.

    Un abrazo a los Samurais…y próximamente os voy a enviar un e-mail de “tirón de orejas”, me ha comentado Ángel una cosilla que no procede, jejeje.

    • ¿No tendrá que ver con lo de conservar tanto jig como plumillas en un altar a salvo de su pérdida en el mar?

      Como bien dijo mi padre, hasta que no dispongamos de copias dignas, no se hecha al agua… jeje

      Espero con ganas tu correo para saber qué tan mal lo hacemos.

      Un abrazo,
      Carlos

  5. Saludos compañeros…
    Celebro veros como siempre, cargados de proyectos y con muchas inquietudes…
    Unas imágenes como las que aquí presentáis cargadas de momentos mágicos, con un grupo de amigos entrañables, etc se puede pedir más …?
    Bueno sí, la camarita…pero con bien dice Carlos, te pones a “echarle” cositas al kayak y no acabamos.
    Seguid así, con ese interés por acercarnos cuanto rodea a esta actividad y las personas que la rodean.
    Para disfrutar desde el kayak, no es imprescindible sacar una gran pieza; a veces, el gesto más inesperado, como a muchos nos sorprendió Edu Raspacejo, devolviendo al agua una excelente pieza de un par de kilos…te hace sentirte muy bien y en equilibrio con la propia naturaleza y contigo mismo.

    Nos vemos en la mar, Sir Owen’s.

  6. Amigos Samurais,

    Desde luego que fué una jornada para no olvidar. No sabéis lo que suposo para mi poder ver delfines en estado salvaje. Es uno de los animeles que más admiro desde pequeño, y poderlos contemplar, junto a un grupo de amigos que saben apreciar esos momentos, es algo para guardar en tus recuerdos.

    Ojalá podamos compartir más momentos como esos. La pesca no siempre es lo más importante, como dice papá Samurai, lo más importante es el almuerzo, ja,ja,ja.

    Para mí, la magia comienza en el momento en el que echamos los kayaks al agua, poder disfrutar de un amanecer en medio del mar, sólo eso ya merece la pena la jornada de pesca.

    Fue un placer y una fortuna estar allí con vosotros.

    Un abrazo.

    Ricard “Acuario”

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