Primera Quedada Peskayak

Artículo en formato web por: Carlos Canales

Un mes antes de la quedada me conecté a internet para leer información útil que podía aprovechar para las futuras salidas en nuestro kayak, de nombre: SAMURAI. Mi asombro apareció en uno de los foros especializados en el tema, cuando en una de ellos descubrí un título semejante al de: Primera Quedada de Pesca en Kayak de Cataluña. Al principio me sorprendió, pues es bien conocida la afición de este deporte en el sur, pero aquí, tan al norte, sólo unos apasionados y valientes kayakistas se atreverían a intentar formar una quedada. Supongo que jamás se imaginaron que seríamos tantos los que responderíamos a su llamada. Me puse en contacto con uno de los organizadores, Edgar, el cual nos atendió muy amablemente y nos indicó una web nacida especialmente para formalizar la información sobre la quedada. Peskayak se ha convertido en un lugar donde nos hemos reunido los aficionados a este deporte aquí en Cataluña, y cada día, pienso yo, está alcanzando mayor envergadura y calidad.

Después de eso, todo fue muy rápido. Se decidió el día, la hora y el lugar donde se realizaría la quedada. Tres cuartos de hora antes de la oficial aparecíamos mi padre y yo, con el kayak doble sobre el techo del coche. Éramos los primeros en llegar. No tardó en aparecer el segundo coche, y poco a poco nos fuimos juntando todos, con las presentaciones correspondientes. Después, una fila de coches enfilaba la carretera hacia la playa, encabezados por otro de los organizadores, y creador de la web, Iván. Nos sorprendió ver tantos coches, uno detrás de otro, con su correspondiente kayak sobre el techo, aproximándonos, cada vez más, a la extensa mar. Antes de la salida aprovechamos para ver los equipos de todos los asistentes, echar unas fotografías, preparar nuestros señuelos, atar todo perfectamente a nuestro kayak… Y, de repente, vimos que uno de los asistentes mojaba su kayak, se sentaba sobre él, y enfilaba entre la línea de boyas. No sé muy bien por qué ocurrió, pero ese fue el pistoletazo de salida para todos, así que sin pensárnoslo dos veces nos echamos al agua, adelantando a varios kayaks que habían salido antes que nosotros, rumbo a lo desconocido, curricaneando con nuestros señuelos.


La primera picada tardó en aparecer, y sólo ocurrió después de cambiar los artificiales, que por lo visto, no eran los adecuados. Después de aquello, todo fue palear rumbo a las gaviotas que, muy de vez en cuando, revoloteaban comiéndose los peces pasto, perseguidos por los depredadores desde abajo, a los que vimos saltar del agua atacándoles con desmesura. Continuamos hasta el espigón del puerto, a probar la suerte que no encontramos. A parte de una enganchada en la que perdí el pez, no hubo ninguna más. Eso sí, vimos un pez de tamaño más que considerable que pasaba justo por debajo de nuestro kayak. Aproveche su paso para lanzarle un jig ultraligero, pero no atacó. Luego volvimos paleando de nuevo hacia los kayaks, mucho más adentro del mar que nosotros, hasta el segundo grupo, y decidimos pararnos y desayunar junto a ellos, cómo no. Palear, palear y palear durante toda la mañana, esperando a que nuestros carretes sonaran, que la gran pieza que todos esperamos fuera atraída por nuestros señuelos, pero no hubo suerte. Al final subimos al kayak unos jureles de un buen tamaño, todos ellos pescados al curri, aunque hay que decir que se nos escaparon varios justo al lado del kayak, y otros tantos a mitad de camino. Por lo general, las plumillas consiguieron sacar más pescado que el curri, aunque no más grandes.


La pesca, por lo general, fue buena para todos los asistentes. Aunque para mí, lo más bonito era disfrutar de las paladas, escuchar cómo nuestro kayak cortaba las olas, cómo nuestros carretes soltaban hilo porque un pez había quedado enganchado en nuestros señuelos y luchaba por liberarse en un ambiente tenso, estimulante, gratificante… Y como no, la mar, la brisa suave, el sol que se elevaba por encima de nuestras cabezas, calentándonos a medida que transcurría la mañana… Es alejarse de todo lo que te estresa para acercarte un poco más a la naturaleza, como una extraña sensación de libertad prohibida, de medir tus fuerzas contra la naturaleza cambiante. Aunque la felicidad no es real si no se comparte, y por eso creo que la jornada se desarrolló tan estupendamente. Porque todos sabíamos lo que es pescar en kayak, y porque, a pesar de que todos fuésemos diferentes, estábamos compartiendo algo con lo que todos estábamos a gusto. No hacía falta que nos conociéramos, porque sabíamos que todos éramos unos amantes apasionados del kayak. Por eso se respiraba gran complicidad en el ambiente, por eso sobraban y siguen sobrando las palabras.

Llegamos a la playa puntuales, como de costumbre. Allí continuamos compartiendo conocimientos o experiencias vividas. Esperando ver quién era el más afortunado de todos, ayudando a sacar los kayaks del agua, recogiéndolo todo. Luego hacerse la foto de grupo, cargar los kayaks en los coches para dirigirnos al restaurante donde habíamos reservado mesa. Allí pudimos charlar durante más rato sobre nuestro deporte, sobre nuestras zonas de pesca, sobre los grandes días de pesca y los bolos que todos hemos sufrido…


He de decir que personalmente disfruté muchísimo, que agradezco la amabilidad de todos los asistentes, también los que no pudieron asistir, y sobretodo el compartir conocimientos, hazañas y humor sano. Estoy orgulloso de pertenecer a todo lo que está surgiendo lentamente, de compartir mis conocimientos y experiencias con todos vosotros. Con esta quedada, ha quedado demostrado que este deporte se ha consolidado en una comunidad mucho más cercana a todos nosotros, cosa que antes era impensable, donde DISFRUTAR y COMPARTIR son sus máximas para todos los miembros que la formamos. Da igual como seamos cada uno de nosotros, porque cuando estamos sobre nuestro kayak, todos somos iguales.

Carlos “samuraikayak”


Artículo de Peskayak sobre la quedada.

Artículo en PESKAMA sobre la quedada.


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